miércoles, 10 de septiembre de 2008

Debut y despedida

Anoche, por fin, se abrió el Sueño Stereo. Pero no quiero enterarme cómo fue. Hoy estoy ansiosa y algo atontada. Todavía no soy conciente: los voy a ver. A los tres. Por primera vez. Y quiero que todo sea sorpresa, aunque no haga falta: para novedad, con verlos en vivo alcanza. Sí, yo soy esa. La Soda Fan segunda generación. La que, a pesar de resistirse, terminó optando por la elección musical familiar. Pero no por resignación, sino por convencimiento.
De una manera u otra, Soda siempre estuvo en mi vida. Al cantar a los cuatro años sus canciones sin entender bien qué era una grieta ni un planeta con desilusión. Al escuchar hablar una y otra vez sobre tres locos raros de peinados nuevos. Pero culpa de mi corta edad o quizás de no hacer caso al dicho “Mamá sabe” (bien), recién sentí la necesidad de adentrarme en su música aquel día en que me enteré de la separación. Como si te acordaras de visitar a un amigo cuando ya se fue muy lejos y es demasiado tarde para lágrimas.
Una cobertura intensiva de la despedida por un lado, discos que llegaron a mí por el otro, poco a poco fui descubriendo un universo musical que me completaba sin siquiera saber que lo estuve buscando. Ahí estaba, siempre había estado. Desarrollé un vínculo con su propuesta que pasó por alto el haberla conocido tarde. Y llegué a sentir vergüenza. No por emocionarme hasta las lágrimas ante una canción, siendo una chica que se precia de racional y poco nostálgica. Tampoco por sonar exagerada cuando hablo de algo que ya es más que mi banda preferida. Más bien por no haberlos descubierto antes, para así disfrutarlos cara a cara. Si tan sólo alguien se hubiera interesado en difundir su música a los más chicos...
Esa vergüenza que a veces me hace sentir como fanática infiltrada, esta noche se diluirá un poco. Hoy Soda me da una suerte de revancha por todo lo que me perdí. Y también la oportunidad de celebrar todo lo que gané al conocer su arte. Especialmente, la convicción de que la experimentación, el riesgo y el esfuerzo perduran más que la fórmula del éxito repetida disco tras disco.
Esta noche es el segundo show de una gira que atraviesa el continente. La efervescencia que habrá en estos pocos meses será intensa. Pero también efímera: la disfrutaremos mientras dure. Su legado, en cambio, es fundacional y perpetuo, para absolutamente todos los que los admiramos: los de ayer, los de hoy, los de siempre.

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