miércoles, 10 de septiembre de 2008

Cómo saber si aún no te adaptaste a tu nueva ciudad

Mudarse es una gran oportunidad para conocer gente nueva, hacer turismo, cambiar hábitos y crecer personal y profesionalmente. Sin embargo, también genera dudas, malestar, desorientación. Hasta hay un nombre para eso: “Mal de Ulises” llaman los psicólogos al estrés que sufren los inmigrantes y que equivale a la tensión por la muerte de un ser querido, un divorcio o la bancarrota. Como todo proceso, lleva un tiempo acostumbrarse, que varía de persona a persona. Para saber en qué estado estás, he aquí unas cuantas pautas de una experta en el tema. Aún no te instalaste del todo si:
- Te subís a un taxi y le indicás tu dirección, pero el taxista te mira perplejo: “¿Álvaro Barros qué?”.
- Te enfermás enseguida: todavía no te habituaste al cambio de clima.
- Encima que te enfermaste, no tenés la más remota idea de dónde hay un hospital.
- Te gastás el sueldo en agua mineral, porque “el agua de acá tiene gusto raro”.
- Pensás en anotarte en gimnasios, cursos de cocina y otros ámbitos de socialización, pero no te atrevés ni a pedir los horarios.
- El único lugar de esparcimiento que conocés es una placita que queda a dos cuadras y a la cual te aferrás en cada rato libre.
- Tomás el colectivo para sentirte un lugareño más, pero te equivocás y te bajás a 20 cuadras de tu destino.
- Si estás no sólo fuera de tu ciudad sino también de tu provincia, el impacto cultural es mayor: en la carnicería tus ojos viajan por el pizarrón sin encontrar el corte buscado. Costeleta, entrecot, brazuelo? Terminás pidiendo cuadril porque es lo único que te suena.
- En la panadería los nombres y los productos están, pero te parece que algún gracioso los cambió de lugar. Pedís galleta y te dan bizcochos.
- Los automovilistas te insultan por cruzar en verde un semáforo que ni siquiera sabías que existía.
- Pese a que en tu nueva ciudad abunden los shoppings, comprás la ropa en el mismo sucucho de siempre de tu pueblo natal.
- Cuando volvés a tu ciudad, vas a tu antiguo médico con todas las afecciones acumuladas durante el año, “es que a los doctores de allá no les tengo confianza”.
- Por último, no sólo vos te sentís un inadaptado: sentís que todos se dan cuenta! Y si se quedan mirándote, queda confirmado!

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