domingo, 23 de noviembre de 2008

¿Y la Ley de Talles? (Cómo ir “de shopping” II)

  • Como la Ley de Talles parece ser un lindo recuerdo que dio para atajos varios, o liso y llano incumplimiento, comprar ropa es una tarea ardua (para los que tienen la suerte de poder hacerlo). Ya es bastante con los inconvenientes señalados en la anterior columna, como para sumar ahora otra complicación: ¿cómo, si sentís que no aumentaste un gramo y tu talle siempre fue 36, ahora ni un 40 te entra? ¿Obesidad? ¿Mala percepción? No, más fácil que eso: simplemente un caos, comprobado por quien escribe. La ilusión de un ordenamiento, que pareció cumplirse en 2005, duró poco. Para evitar desencantos y futuros traumas, recomendamos:
    En primer lugar, saber que los talles actuales son una ilusión disparatada y completamente arbitraria, sin ningún tipo de relación con la realidad. De otra manera, no se explica cómo tres personas de cuerpos totalmente diferentes entre sí puedan usar un talle 36. Ojo, muchas veces la numeración es engañosa: para simular que cumplen con la ley, se cambiaron los números de las etiquetas de la ropa, pero no la ropa en sí.
    Debés tener conciencia de que aun existen casi tantos sistemas de talles como marcas: el decimal (34, 36, 38, y así sucesivamente), el “coreano” (0, 1, 2, 3, 4, 5, 6), el “S, M, L” (small, medium y large, parece que ahora somos todos bilingües), y quién sabe cuántos más.
    Tené en cuenta también que la mayoría de las marcas trabajan con un canon de belleza tan acotado que es demasiado fácil de transgredir en la vida real.
    Y acordáte de llevar siempre un centímetro cuando salgas “de shopping”, para medir la ropa antes de entrar al probador y ahorrarte tiempo, esfuerzo y lágrimas.
    O empleá el tiempo (que solés perder en determinar cuál es tu talle en cada tienda) en ir a una modista a que te tome las medidas y te haga mucha ropa. O usá la ropa vieja de tu mamá y hacéte la vintage.
    Por ahora, esa es la única que te queda. Pero, ahora que lo pienso, podés hacer algo para cambiarlo, ¡sí! Rezá mucho. Para que, algún día no muy lejano, primen los derechos ciudadanos antes que los comerciales y todos, gordos o flacos, altos o petisos, tengamos real acceso a la moda.

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