Hoy vamos a ocuparnos de un problema que se agrava con el tiempo: los “piropeadores” crónicos. Una forma elegante para denominar a estos hombres que no tienen nada mejor que hacer que avergonzar a las transeúntes, no a base de halagos, sino de gestos y frases que no reproduciremos aquí. ¿Cuál es su objetivo? Un misterio. Para conseguir pareja no creo que les funcione. Tampoco creo que disfruten ser insultados.
La minifalda se inventó hace más de cuarenta años, pero aun sigue siendo un tabú. Si no, ¿a qué se debe tanto escándalo y frases de todo tipo cada vez que uno decide usarla? Y con escándalo no me refiero a algún cumplido inofensivo, sino a decir lo primero que se les cruza por la cabeza. ¿Será que nuestra mentalidad involucionó?
Ya hace rato que quedó atrás el “Adiós corazón de arroz” que se oía cada vez que una mujer estaba muy “producida”. Hoy, ni poniéndose ropa de jogging y/o tres talles más grande se amedrenta a estos especímenes que nos hacen entrar en calor pero no precisamente por romanticismo. Y basta pararse a esperar el colectivo para que nuestra sola presencia genere una ola de bocinazos, símbolo de impunidad y cobardía si los hay.
Dar recomendaciones en esta área se hace muy difícil, entonces. Ya no basta con andar por la vida toda tapada. Así estemos cubiertas de pies a cabeza, usar el pantalón por dentro de las botas parece dar carta blanca para que hasta chicos de primaria nos griten “miau”. Y aunque taparse solucionara el problema, tenemos derecho a vestirnos como queramos. De lo contrario, la dominación simbólica del hombre se haría realidad por partida doble.
Pero como si no podés contra ellos, tenés que unirte a ellos, la solución por ahora sería darles un trago de su propia medicina. No te preocupes: el hombre de hoy, conflictuado e inseguro, disfruta “piropeando” pero es incapaz de ir más allá. Y si lo apurás un poco, hasta va a ponerse a llorar diciendo que ama a su mujer y a sus hijos, y emprenderá la retirada. A la próxima grosería, entonces, seguíle la corriente, decíle algo más subido de tono que él o preguntále qué quiere y en qué podés ayudarle. Y después, dejá tu comentario a ver cómo te fue. Acá nadie te va a responder con guarangadas.
viernes, 31 de octubre de 2008
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